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Noticias · 8 min de lectura · 15 de octubre de 2026

Subir o bajar la potencia contratada de tu negocio: coste del trámite y plazos reales

Bajar la potencia suele costar menos de 20 euros y subirla, en baja tensión y si la red lo permite, ronda los 37 euros por cada kW añadido más el enganche: unos 200 euros al pasar de 10 a 15 kW. El trámite se resuelve en días o pocas semanas. Son precios regulados, no de la comercializadora.

¿Cuánto cuesta cambiar la potencia contratada?

Empecemos por la cifra, que es probablemente lo que has venido a buscar. En un suministro en baja tensión, y dando por hecho que la red de tu calle tenga capacidad libre, mover la potencia contratada se mueve entre menos de 20 euros y unos 250 euros, IVA aparte. Bajarla cae casi siempre en la parte baja de esa horquilla. Subirla depende de cuántos kilovatios añadas, porque una parte del importe se cobra por kW.

Esa cifra no la pone tu comercializadora, ni la ponemos nosotros: son los llamados derechos de acometida, un conjunto de precios regulados que cobra la empresa distribuidora de tu zona y cuyos valores unitarios están fijados por normativa estatal y publicados en el BOE. Eso tiene una ventaja muy práctica para ti: nadie puede inventarse el precio del trámite, y si en la factura aparece un importe que no te cuadra, se puede comprobar línea por línea. También tiene una pega: los valores se actualizan, así que conviene mirar la referencia vigente el día que se pide el cambio en lugar de fiarse de una cifra que alguien escribió hace tres años.

De dónde salen esos euros

El importe no es un precio único, sino la suma de varios conceptos. Entender qué es cada uno ayuda mucho a leer el presupuesto de la distribuidora sin sobresaltos:

  • Derechos de extensión. Es lo que pagas por que la red llegue hasta tu punto de suministro con la nueva potencia; en baja tensión está en el entorno de 17 euros por cada kW de incremento.
  • Derechos de acceso. Es el peaje de entrada a la red por esa potencia nueva, y ronda los 19,70 euros por kW añadido.
  • Derechos de enganche. Es la visita para dejarlo operativo, un importe fijo cercano a los 9 euros.
  • Derechos de verificación. Solo aparece si hay que comprobar la instalación, y se queda alrededor de los 8 euros.

Sumando extensión y acceso, lo habitual es contar unos 37 euros por cada kilovatio que subas. Si una panadería pasa de 10 a 15 kW, son 5 kW por esos 37 euros, unos 185 euros, más el enganche: en total algo menos de 200 euros antes de IVA. Y hay un detalle que mucha gente no conoce y que a veces rebaja la factura entera: esos derechos se cobran sobre el incremento respecto a la potencia que ya tienes reconocida en el punto de suministro, no sobre la potencia total. Si en su día el local tuvo contratados 20 kW y luego se bajó a 10, subir de nuevo a 15 puede salir mucho más barato de lo que indica la cuenta rápida, porque parte del camino ya estaba pagada.

Bajar la potencia es el caso fácil

Cuando la operación es a la baja no hay derechos de extensión ni de acceso que pagar, porque no estás pidiendo nada nuevo a la red: estás devolviendo capacidad. Lo que queda es el enganche y, si procede, la verificación. En muchos casos ni siquiera hace falta que nadie se desplace, porque los contadores telegestionados permiten ajustar el limitador en remoto, y entonces el coste es testimonial o directamente cero.

El gasto, por tanto, rara vez es el obstáculo. El obstáculo suele ser el miedo a quedarse corto, y es un miedo razonable: en un suministro con tarifa 2.0 TD una potencia mal calculada salta el interruptor en el peor momento, y en una tarifa 3.0 TD con maxímetro no salta nada, pero se facturan excesos. Por eso bajar potencia a ojo no es buena idea, aunque el trámite sea barato.

¿Cuánto tarda el cambio?

El procedimiento es siempre el mismo: tú lo pides a tu comercializadora, ella lo traslada a la distribuidora y la distribuidora es quien lo ejecuta. La normativa fija plazos máximos de respuesta, y en la práctica, cuando no hay que tocar nada físicamente, lo normal es que el cambio quede hecho en unos días y, como mucho, en dos o tres semanas.

Hay una segunda velocidad que conviene tener clara: la de la factura. El cambio se aplica en el contrato cuando la distribuidora lo valida, pero el término de potencia se prorratea por días, así que lo habitual es ver la nueva potencia reflejada en el ciclo de facturación siguiente, con la factura de transición partida en dos tramos. Si al mes siguiente te llega una factura con dos potencias distintas, no es un error: es exactamente lo que tiene que pasar.

Lo que puede alargar el plazo

Los días se convierten en semanas, o en meses, cuando entra en juego algo más que un ajuste administrativo. Lo vemos sobre todo en tres situaciones. La primera, que la subida exija cambiar el equipo de medida o el cuadro, lo que obliga a coordinar una visita. La segunda, que la nueva potencia supere lo que certifica el boletín eléctrico de la instalación: entonces hace falta un certificado de instalación eléctrica actualizado, firmado por un instalador autorizado, y ese plazo y ese presupuesto no dependen de la distribuidora sino del profesional que lo emita, así que merece la pena pedirlo antes de iniciar el trámite.

La tercera es la de verdad seria: que la red de la zona no tenga capacidad disponible. Si hay que reforzar la acometida, ampliar el centro de transformación o montar uno propio, ya no estamos hablando de derechos de acometida de manual sino de un presupuesto de obra, con cifras que se van a varios miles de euros y plazos que se cuentan en meses. Ocurre sobre todo en naves industriales, en hoteles que amplían instalaciones y en comunidades que electrifican el garaje para recarga de vehículos. En esos casos lo prudente es pedir a la distribuidora la consulta de capacidad disponible antes de comprometerse con cualquier inversión.

¿Cuántas veces se puede cambiar la potencia?

No es libre: la normativa limita el número de modificaciones que puedes hacer en un plazo de doce meses, y ese límite ha cambiado con las distintas reformas tarifarias. Es el dato que más conviene confirmar antes de tocar nada, porque condiciona la estrategia completa. Si solo tienes un cambio disponible en el año y lo gastas en un ajuste a medias, te quedas sin margen para corregir cuando llegue la temporada alta. Lo sensato es comprobar el límite vigente en la normativa publicada en el BOE o preguntarlo directamente a la distribuidora, y plantear un único cambio bien calculado en lugar de dos aproximaciones.

Cuándo sale a cuenta mover la potencia

La aritmética es sencilla y juega a favor del ajuste: el coste del trámite se paga una sola vez, mientras que el término de potencia se abona todos los días del año, llueva o truene, tengas el negocio abierto o cerrado por vacaciones. Los peajes de potencia que forman la mayor parte de ese término los fija la CNMC y se publican en euros por kilovatio y año, de modo que cada kW que sobra es un recibo fijo que sigue cayendo mes tras mes.

Dicho eso, no te vamos a prometer un número antes de ver tu factura, porque cuánto se mueve la aguja depende de tu curva de consumo, de tu tarifa de acceso, de la simultaneidad real de tus equipos y de si arrastras excesos o energía reactiva. Un comercio con dos aires acondicionados y un horno no se parece en nada a una comunidad con dos ascensores y alumbrado de portal. Eso es justo lo que mira un trabajo de optimización de potencia: los registros cuarto-horarios de la distribuidora, los picos reales de los últimos meses y el margen de seguridad que necesitas para no quedarte corto en el día más exigente del año.

Comunidades de propietarios y locales, dos avisos

En una comunidad de propietarios el cambio lo pide quien figure como titular del contrato, normalmente la propia comunidad a través del presidente o del administrador, y conviene llevarlo al acta si implica obra o gasto relevante. También hay que tener presente que los servicios comunes suelen tener varios suministros —portal, ascensor, garaje, riego, piscina— y que cada uno se analiza por separado: hemos visto garajes con una potencia pensada para una ventilación que ya se sustituyó por otra más eficiente.

En locales de alquiler, el aviso es otro: el titular del contrato es quien tramita, pero cualquier cambio que afecte a la instalación fija del edificio puede necesitar el visto bueno de la propiedad. Mejor aclararlo antes que descubrirlo con el instalador en la puerta.

Antes de pedir el cambio

Nuestro consejo, sin más interés que ahorrarte un disgusto, es que el orden sea este: primero los datos de consumo, luego el cálculo de la potencia que necesitas de verdad, después la comprobación de que el boletín la soporta y solo entonces la solicitud. Hacerlo al revés es lo que acaba en dos cambios en un año, un límite agotado y un trámite pagado dos veces.

Si quieres que lo miremos nosotros, trabajamos desde Las Rozas con empresas, comercios, hoteles y comunidades de toda España, y atendemos de cerca a quien busca asesoría energética en Madrid. El estudio de la factura es gratuito y sin compromiso: nos cuentas qué pasa en tu suministro, revisamos los registros y te decimos si tiene sentido tocar la potencia, cuánto te costaría el trámite según los valores vigentes y qué plazo es realista en tu caso. Si no lo tiene, también te lo diremos.

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