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Noticias · 8 min de lectura · 19 de septiembre de 2026

OMIP y los futuros de electricidad: así se fija el precio de la luz de una empresa a uno o dos años

OMIP es el mercado ibérico a plazo, donde se compra y se vende electricidad para entregar dentro de meses o años. Ahí se negocian los futuros que sirven de referencia a las ofertas de precio fijo. Cuando firmas un precio cerrado para 2027, detrás hay una cotización de OMIP más una prima.

Llega una oferta por correo con un precio cerrado para los próximos doce meses y la primera pregunta que aparece es siempre la misma: ¿de dónde sale ese número? No lo ha decidido nadie a ojo ni es una apuesta personal del comercial que te ha llamado. Detrás hay un mercado donde, cada día laborable, se compra y se vende electricidad que todavía no se ha producido. Ese mercado se llama OMIP, y entenderlo un poco por encima te cambia bastante la forma de leer las ofertas que te llegan.

¿Qué es OMIP y en qué se diferencia de OMIE?

Son dos piezas del mismo sistema, pero con horizontes distintos. OMIE es el mercado diario e intradiario: ahí se casan oferta y demanda hora a hora para el día siguiente, y de ahí sale el precio horario del que tanto se habla en las noticias. Si quieres el detalle de cómo funciona esa subasta, lo explicamos con calma en el artículo sobre el precio de la luz en OMIE.

OMIP es el mercado a plazo del sistema ibérico. Aquí no se negocia la electricidad de mañana, sino la de un mes concreto, un trimestre o un año natural entero. Un comprador y un vendedor se ponen de acuerdo hoy en un precio por megavatio hora para un periodo que aún no ha llegado, y ese acuerdo queda registrado y garantizado a través de la cámara de compensación asociada al mercado. Dicho en corto: OMIE es el mercado del día a día y OMIP es el mercado del calendario.

Quien compra en OMIP no son los consumidores finales directamente, sino comercializadoras, productores, grandes industriales y agentes financieros. Pero el precio que sale de ahí es la materia prima de casi todas las ofertas fijas que acaban en el buzón de una pyme, un hotel o una comunidad de vecinos.

¿Qué es un futuro de electricidad y para qué sirve?

Un futuro es un contrato en el que se fija hoy el precio de algo que se entregará más adelante. Es la misma idea que cuando un restaurante cierra en enero el precio del aceite con su proveedor para toda la temporada: no sabe si subirá o bajará, pero prefiere saber cuánto va a pagar. Aquí ocurre igual, solo que con electricidad y con un mercado organizado por medio.

Hay un detalle que suele sorprender: la mayoría de estos contratos son de liquidación financiera. Es decir, la energía que consume tu negocio sigue comprándose físicamente en el mercado diario, hora a hora. El futuro no te «trae» la luz: lo que hace es compensar la diferencia entre el precio pactado y el precio que finalmente marque el mercado. Funciona más como un seguro de precio que como un pedido de mercancía.

Dentro de OMIP se manejan varios formatos, y conviene conocerlos porque aparecen en las ofertas:

  • Carga base: cubre todas las horas del periodo por igual, de madrugada y de mediodía, festivos incluidos.
  • Carga punta: cubre solo las horas laborables diurnas, que es cuando la mayoría de negocios concentra su actividad.
  • Productos anuales, trimestrales y mensuales: se nombran por el periodo que cubren, de ahí esas referencias tipo «Cal-27» que verás en algunos informes y que no son más que el año natural completo.

Esa distinción importa más de lo que parece. Una comunidad de propietarios con el consumo repartido entre alumbrado nocturno y ascensores tiene un perfil muy distinto del de una nave que trabaja de ocho a seis, y eso se nota en cuánto le cuesta cubrirse.

¿Cómo llega el precio de OMIP a la factura de mi empresa?

Cuando una comercializadora te ofrece un precio fijo, parte de la cotización de OMIP para el periodo que vas a contratar y le va sumando conceptos. A grandes rasgos, el camino es este:

  1. La cotización de referencia: el precio al que ese periodo se está negociando en el mercado a plazo en el momento de hacerte la oferta.
  2. El coste de perfil: tu consumo no es plano ni idéntico al producto estándar que se negocia, así que hay que ajustar esa diferencia.
  3. La prima de riesgo y los desvíos: quien te garantiza un precio asume que tu consumo real puede no coincidir con el previsto, y eso tiene un coste.
  4. Las garantías y el riesgo de impago: cerrar posiciones en mercado exige depositar avales, y ese dinero inmovilizado también cuesta.
  5. El margen comercial: la parte que se lleva quien te vende la energía.

Y encima de todo eso vienen los peajes de transporte y distribución, los cargos, el alquiler de equipos y los impuestos, que son regulados y no se negocian con nadie: los fija la normativa y se publican en el BOE y en la web de la CNMC. Por eso, cuando comparas dos ofertas, lo único que de verdad estás comparando es el primer bloque. Todo lo demás es idéntico lo firmes con quien lo firmes, y conviene tenerlo claro para no dejarse deslumbrar por un descuento que en realidad se aplica sobre una parte que nadie puede tocar.

¿El precio de los futuros predice lo que va a costar la luz?

No, y esta es probablemente la idea más útil de todo el artículo. La cotización de un año en OMIP no es una previsión de lo que pasará, sino el punto donde compradores y vendedores se ponen de acuerdo hoy, con la información que hay hoy y con una prima por asumir la incertidumbre. En ese precio pesan las expectativas sobre el gas —que se negocia en MIBGAS y en TTF—, la previsión de lluvia y viento, los derechos de emisión de CO2, la entrada de nueva potencia renovable y hasta la geopolítica.

Todo eso se mueve. Hay años en los que el mercado diario acaba muy por debajo de lo que marcaban los futuros y años en los que ocurre justo lo contrario. Quien te diga con seguridad cuál de los dos será el próximo está adivinando. Lo que sí puedes decidir es cuánta incertidumbre quieres tener encima, que es una pregunta distinta y mucho más manejable.

¿Cuándo le conviene a una empresa cerrar precio a uno o dos años?

Depende de cosas muy concretas de tu caso, y por eso desconfiamos de las respuestas rápidas. Estos son los factores que solemos poner encima de la mesa:

  • Cuánto pesa la energía en tu cuenta de resultados: en una industria electrointensiva o en una lavandería, una variación de mercado se nota en el margen; en una oficina, mucho menos.
  • Si puedes repercutir las subidas: un hotel con tarifas cerradas por contrato con turoperadores no tiene el mismo margen de maniobra que un comercio que ajusta precios cuando quiere.
  • Si necesitas presupuestar: en una comunidad de propietarios, la cuota se aprueba en junta y revisarla a mitad de ejercicio es un engorro considerable. Ahí la previsibilidad tiene un valor que no aparece en ninguna hoja de cálculo.
  • Cómo es tu curva de consumo: si tienes fotovoltaica, baterías o turnos de noche, tu perfil se aleja del producto estándar y eso cambia la cobertura que te encaja.
  • Tu tolerancia al sobresalto: hay gerentes que duermen mejor con un precio cerrado aunque sepan que podrían haber pagado menos. Es una respuesta perfectamente razonable.

La decisión entre cerrar y no cerrar la desarrollamos con más detalle en el artículo sobre precio indexado o fijo para empresas, porque da para rato y conviene verla con ejemplos.

¿Se puede cerrar el precio por partes en lugar de todo de golpe?

Sí, y es una de las razones por las que existe el mercado a plazo. En lugar de jugárselo todo a la cotización de un martes cualquiera, se puede ir cubriendo el consumo por tramos: una parte ahora, otra más adelante, dejando un porcentaje expuesto al mercado diario. El resultado es un precio medio, sin el pico de haber acertado ni el disgusto de haber cerrado justo en el peor momento.

Esto exige seguir el mercado con cierta constancia, porque las cotizaciones se mueven todos los días y las ofertas caducan rápido: una propuesta que te llega el lunes puede no sostenerse el jueves. Es justamente el trabajo que hacemos en la gestión de compra de energía, comprando en nombre del cliente en OMIE, OMIP, MIBGAS y TTF sin exclusividad con ninguna comercializadora, que es lo que permite mirar la foto completa y no solo el catálogo de una casa.

¿Qué debe revisar una comunidad o una pyme antes de firmar dos años?

Más allá del precio, hay letra pequeña que condiciona bastante. Merece la pena mirar si existen penalizaciones por salir antes de tiempo, si el contrato fija bandas de consumo mínimo o máximo —importante si estás valorando instalar solar o cambiar equipos, porque tu consumo va a bajar—, qué ocurre con la energía reactiva y los excesos de potencia, y si hay cláusulas que permitan revisar el precio ante cambios regulatorios. También conviene comprobar que la duración del compromiso encaja con el mandato de quien firma: en una comunidad, dos años son dos juntas.

Si quieres que alguien lea esa oferta contigo antes de que caduque, en Salix hacemos el estudio de la factura sin coste y sin compromiso, y nuestros honorarios se acuerdan por escrito y se cobran después, sobre el ahorro que se consiga. Trabajamos desde Las Rozas para toda España y Portugal, con bastante recorrido en asesoría energética en Madrid, y lo primero que hacemos siempre es mirar tu curva de carga real. Sin eso, cualquier cifra que te demos sería una suposición.

Preguntas frecuentes

¿Puede una empresa comprar directamente en OMIP?

Para operar en OMIP hay que ser agente de mercado, cumplir requisitos de solvencia y depositar garantías ante la cámara de compensación, algo que solo compensa a consumidores muy grandes. Lo habitual es acceder a esos precios de forma indirecta, a través de una comercializadora o de un asesor que compre en tu nombre y traslade la referencia al contrato.

¿Qué diferencia hay entre OMIE y OMIP?

OMIE es el mercado diario e intradiario, donde se fija el precio de la electricidad hora a hora para el día siguiente. OMIP es el mercado a plazo, donde se negocian contratos de meses, trimestres o años completos. El primero marca lo que cuesta la luz hoy; el segundo, lo que hoy se está dispuesto a pagar por la luz de mañana.

¿Cuánto tiempo aguanta una oferta de precio fijo?

Menos de lo que la gente espera. Como la referencia se mueve cada día laborable, muchas ofertas tienen una validez de horas o de unos pocos días, y a veces vienen condicionadas a que la cotización no varíe por encima de cierto margen. Si una propuesta lleva semanas en tu correo, lo más probable es que ya no esté viva.

¿Cerrar precio a dos años sale más barato que a uno?

No hay una regla fija. Depende de cómo esté la curva de mercado en ese momento: hay épocas en las que los años más lejanos cotizan por debajo y otras en las que cotizan por encima. Además, un plazo largo incorpora más prima de riesgo y te ata más tiempo, así que la comparación hay que hacerla con las cotizaciones del día y con tu situación concreta delante.

¿Sirve esto para una comunidad de propietarios o solo para industria?

Sirve igual, con matices. Una comunidad consume menos que una fábrica, pero tiene una necesidad de previsibilidad muy alta porque el presupuesto se aprueba en junta. Muchas veces la opción que mejor funciona pasa por agrupar el consumo con otros edificios para acceder a condiciones que en solitario no estarían disponibles.

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