Potencias normalizadas: la lista cerrada que decide cuánta potencia puedes contratar
Las potencias normalizadas son los valores concretos de potencia que se pueden contratar en baja tensión hasta el límite que marca la normativa. No es una cifra libre: procede de los calibres del interruptor de control. Por encima de ese límite, con maxímetro, la potencia sí se ajusta con decimales.
¿Qué son las potencias normalizadas?
Cuando pides potencia para un local, un garaje comunitario o una nave, tiendes a pensar en un número redondo: «necesito unos 7 kW». Y entonces te encuentras con que la comercializadora no te deja contratar 7, sino un valor un poco por debajo o un poco por encima. No es un capricho suyo ni un error del formulario. En baja tensión, y hasta cierto límite de potencia, solo se pueden contratar unos valores concretos que la normativa tiene tasados. A esa lista cerrada la llamamos potencias normalizadas.
El motivo es más físico que administrativo. Durante décadas, lo que limitaba la potencia de un suministro era un aparato instalado en el cuadro: el interruptor de control de potencia, el famoso ICP, que salta cuando pides más de lo contratado. Ese interruptor se fabrica en calibres estándar, igual que los tornillos o las tuberías. Y como la potencia es, a grandes rasgos, la tensión multiplicada por la intensidad que el interruptor deja pasar, los valores contratables acaban siendo los que salen de esa multiplicación. De ahí esas cifras con decimales raros que aparecen en tu contrato y que parecen sacadas de ninguna parte.
Por eso también cambian según cómo esté acometido el suministro. Un local monofásico, alimentado a la tensión habitual entre fase y neutro, da una serie de valores. Un suministro trifásico, con las tres fases y esa raíz de tres que aparece en todas las fórmulas eléctricas, da otra serie distinta y más espaciada. Es la misma lógica aplicada a dos configuraciones diferentes.
¿Dónde se consulta la tabla de potencias normalizadas vigente?
Aquí conviene ser honesto: te podríamos poner aquí una tabla con todos los valores y quedaría muy bien, pero esos listados dependen del reglamento electrotécnico de baja tensión y de la normativa que fija las tarifas de acceso, y ambos se revisan. Una tabla copiada en un blog envejece sin avisar a nadie.
Lo que no caduca es dónde mirar. Los valores contratables aparecen en las instrucciones técnicas complementarias del reglamento de baja tensión, publicadas en el BOE, y también los publica cada distribuidora en su web, porque es ella quien tiene que aceptar la solicitud. Y hay un atajo todavía más directo: tu propia factura. En el apartado de datos del contrato figura la potencia que tienes contratada en cada periodo, y ese número ya es, por definición, uno de los valores admitidos. Si no tienes claro qué línea es cuál, en la guía para leer la factura de la luz lo desglosamos apartado por apartado.
¿Las potencias normalizadas se aplican a empresas e industria?
Depende del tamaño del suministro, y este es el punto que más confusión genera en negocios que están creciendo.
- Suministros pequeños en baja tensión, que es donde entran la mayoría de comercios, oficinas, despachos y servicios comunes de edificios de vecinos: sí, hay que ceñirse a la lista de valores normalizados, con dos periodos de potencia, uno de punta y otro de valle.
- Suministros por encima del umbral que separa la tarifa 2.0TD de la 3.0TD: ahí se acaba la lista cerrada. Se contrata potencia en seis periodos horarios y se puede afinar con decimales, porque el control ya no lo hace un interruptor que salta, sino un maxímetro que registra lo que realmente has demandado.
- Alta tensión, el terreno de la industria y de las grandes instalaciones: mismo esquema de seis periodos y ajuste fino, con la particularidad de que los excesos se facturan con su propia fórmula.
Ese umbral entre una tarifa y otra lo fija la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia en sus circulares, así que es de los datos que conviene comprobar en la normativa vigente antes de dar nada por hecho. Lo importante para ti es el cambio de filosofía: por debajo, eliges de una lista; por encima, esculpes la potencia casi al kilovatio. Si tu suministro está en ese segundo grupo, te interesa más entender cómo funcionan los seis periodos de la tarifa 3.0TD que buscar tablas de valores normalizados.
¿Qué pasa si la potencia que necesito cae entre dos valores?
Pasa constantemente, y es justo donde se pierde dinero sin que nadie lo note. Imagina un obrador que, tras hacer números, concluye que su punta real ronda los 9 kW largos. Si el siguiente valor normalizado está bastante por encima, la tentación es coger ese, redondear hacia arriba y dormir tranquilo. Y esa diferencia se paga todos los días del año, llueva o haga sol, se venda mucho o se venda poco, porque el término de potencia se factura por días contratados y no por consumo.
La decisión correcta no es «hacia arriba por si acaso» ni «hacia abajo para ahorrar»: es mirar qué pasa de verdad en la instalación. Con qué margen se queda el valor inferior, si esa punta es habitual o fue el día que coincidieron el horno, el aire y la cámara arrancando a la vez, y si ese arranque simultáneo se puede desplazar unos minutos. Cuando el escalón inferior aguanta con holgura razonable, bajarlo es de las decisiones más rentables que existen, porque el ahorro es fijo y automático. Cuando no aguanta, subir es lo sensato: un interruptor que salta en pleno servicio de mediodía cuesta mucho más que la diferencia en la factura.
¿Cómo afecta esto a una comunidad de propietarios?
Las comunidades son el caso donde más veces vemos potencias mal encajadas, y por una razón muy comprensible. El contrato de los servicios comunes se firmó cuando se entregó el edificio, con los criterios de entonces, y desde ese día casi nadie lo ha vuelto a tocar. Mientras tanto, el edificio ha cambiado: se sustituyó el alumbrado del portal y de la escalera por led, se renovó la maquinaria del ascensor, quizá se instalaron puntos de recarga en el garaje.
Las dos primeras reformas tiran de la potencia hacia abajo. La tercera puede tirar con fuerza hacia arriba, y a veces obliga a replantear el suministro entero, no solo el escalón contratado. Que las dos cosas hayan ocurrido en el mismo edificio no significa que se compensen; significa que el perfil de demanda de esa comunidad ya no se parece al que había cuando se firmó el contrato.
Añade un detalle que despista mucho en las juntas: un edificio suele tener más de un suministro. El de servicios comunes, a veces uno independiente para el garaje, otro para el grupo de presión. Cada uno tiene su contrato y su potencia, y cada uno se revisa por separado. Revisar solo el más gordo y olvidar los demás deja escalones mal ajustados durante años. En nuestro servicio de optimización de potencia lo primero que hacemos es poner todos los suministros de la comunidad sobre la mesa a la vez.
¿Se puede cambiar la potencia contratada cuando uno quiera?
No de forma ilimitada. La regla general permite modificar la potencia cada cierto tiempo, habitualmente una vez cada doce meses, con algunas excepciones previstas en la normativa. Como esas condiciones se han ido ajustando con los años, merece la pena confirmar el plazo aplicable antes de mover nada, sobre todo si el contrato se tocó hace poco.
El otro factor es económico. Bajar potencia suele ser un trámite barato, porque solo implica reconfigurar o sustituir el elemento de control. Subir por encima de lo que tuviste contratado antes puede llevar asociados derechos de acceso y de extensión, que son pagos a la distribuidora por reservar más capacidad de red. Se calculan con importes regulados por kilovatio, así que la cuenta se puede hacer con exactitud antes de decidir; lo que no se puede es improvisarla. Y si además hay que actualizar el boletín eléctrico de la instalación, entra en juego el instalador.
Nada de esto convierte el cambio en algo prohibitivo. Solo significa que conviene acertar a la primera, porque si te pasas de frenada y quieres corregir, quizá tengas que esperar un año entero pagando de más mientras tanto.
¿Cómo saber qué potencia normalizada conviene a mi negocio?
Con datos reales, no con estimaciones de catálogo. Sumar la potencia nominal de todos los aparatos de un local da siempre un número enorme y bastante inútil, porque en la vida real nunca funcionan todos a la vez ni al máximo. Lo que importa es la curva de carga: el registro cuarto a cuarto de hora que el contador inteligente lleva guardando y que la distribuidora conserva. Ahí se ve la punta verdadera, a qué hora se produce, cuántas veces se repite al mes y con cuánto margen se queda respecto a lo contratado.
Con esa curva delante, elegir escalón deja de ser una apuesta. Se ve si el valor inferior habría aguantado el año pasado, se ve si las puntas se concentran en unas pocas horas que quizá se puedan reorganizar, y se ve si el problema no era la potencia sino otra cosa que se estaba colando en la factura. Por eso el estudio de la factura con el que empezamos siempre es gratuito y sin compromiso: hasta que no miramos tus datos, cualquier cifra de ahorro que te diéramos sería una suposición, y preferimos no hacerlas. Después te contamos qué hemos encontrado, qué se puede tocar y qué no, y decides tú.
Preguntas frecuentes
¿Por qué las potencias normalizadas tienen decimales tan raros?
Porque no salen de un número redondo elegido a mano, sino de una multiplicación. La potencia es el resultado de la tensión del suministro por la intensidad que deja pasar el interruptor de control, y esos interruptores se fabrican en calibres estándar. En trifásico interviene además el factor de la raíz de tres, que es lo que produce esas cifras con tantos decimales.
¿Puedo contratar potencias distintas en punta y en valle?
Sí. En baja tensión con dos periodos se contrata una potencia para el periodo punta y otra para el valle, y ambas deben ser valores admitidos. En los suministros de seis periodos la normativa exige además que cada periodo sea igual o superior al anterior, así que el ajuste hay que hacerlo respetando ese orden creciente.
¿Las potencias normalizadas se aplican también a la tarifa 3.0TD?
No. A partir del umbral que separa la 2.0TD de la 3.0TD desaparece la lista cerrada de valores: la potencia se contrata en seis periodos y se puede afinar con decimales, porque el control lo hace un maxímetro que mide la demanda real en lugar de un interruptor que corta el suministro.
¿Cuánto cuesta cambiar de potencia contratada?
Bajarla suele ser un trámite de coste reducido. Subirla por encima de lo que se tuvo contratado anteriormente puede llevar asociados derechos de acceso y de extensión, que son importes regulados por kilovatio que se pagan a la distribuidora, más la posible actualización del boletín eléctrico. Es una cuenta que se puede calcular con exactitud antes de solicitar el cambio.
¿Cada cuánto se puede modificar la potencia de un contrato de empresa?
La regla general permite un cambio cada doce meses, con excepciones recogidas en la normativa. Como esas condiciones se han ido revisando, conviene confirmar el plazo aplicable a tu contrato antes de tramitar nada, sobre todo si la potencia se modificó hace poco tiempo.