Tarifas de luz para empresas: qué tipos hay y cuál encaja con tu negocio
Una empresa tiene dos cosas distintas en su tarifa: el peaje de acceso que le asigna la normativa según su potencia y tensión (2.0TD, 3.0TD o 6.1TD), y la oferta que le hace su comercializadora, fija o indexada. Elegir bien pasa por mirar el consumo real por periodos, no el precio anunciado.
Cuando alguien busca «tarifas luz empresas» normalmente lo que quiere es una lista de precios y quedarse con el más bajo. Es lo lógico, y es lo que funciona cuando compras casi cualquier otra cosa. Con la electricidad pasa algo curioso: dentro de la palabra «tarifa» hay metidos dos conceptos muy distintos, uno lo decide la normativa y no se negocia, y el otro sí se negocia. Separarlos es la mitad del trabajo, y es la parte que casi nadie te explica cuando te llaman por teléfono para ofrecerte algo.
Así que vamos por partes, con calma, y con el caso de un negocio real en la cabeza: un bar con cámaras funcionando todo el día, una comunidad con ascensor y garaje, un taller con maquinaria que arranca a primera hora.
¿Qué es exactamente una tarifa de luz para empresas?
Tu factura tiene dos capas superpuestas. La primera es la tarifa de acceso, también llamada peaje: es la que fija la Administración, cubre el uso de las redes de transporte y distribución, y viene determinada por la potencia que tienes contratada y por la tensión a la que estás conectado. No la eliges tú y no cambia según con quién firmes; es la misma para todos.
La segunda capa es la oferta de la comercializadora: el precio que te cobra por cada kWh consumido y por cada kW de potencia, por encima de lo regulado. Aquí sí hay margen, aquí hay mercado y aquí es donde se compite.
Cuando te dicen «te ofrecemos una tarifa 3.0TD muy buena», en realidad te están diciendo dos cosas mezcladas: que tu instalación está en el peaje 3.0TD (algo que no depende de ellos) y que su precio de energía es competitivo (algo que sí, pero que habría que ver a qué horas consumes tú). Distinguir las dos capas te evita comparar peras con manzanas, y te permite hacer la pregunta que de verdad importa: ¿qué precio me estás poniendo tú a la energía, y con qué condiciones?
¿Qué tarifas de acceso puede tener un negocio: 2.0TD, 3.0TD o 6.1TD?
La estructura de peajes vigente reparte a los consumidores en unos pocos grupos. Estos son los que se ven a diario en empresas, comercios y comunidades:
- 2.0TD: la de baja tensión con potencias pequeñas. Aquí caen la mayoría de oficinas, comercios de barrio, despachos y muchas comunidades de vecinos que solo tienen portal, ascensor y alumbrado. Tiene dos periodos de potencia y tres de energía.
- 3.0TD: baja tensión con potencia por encima del umbral que separa a una de otra. Es el peaje típico de hostelería con cocina y cámaras, supermercados, talleres, gimnasios o comunidades con garaje y bombas. Tiene seis periodos, tanto de potencia como de energía.
- 6.1TD y siguientes: alta tensión, es decir, instalaciones con su propio centro de transformación. Hoteles grandes, industria, residencias y polígonos suelen estar aquí. También seis periodos, con precios de red distintos.
El umbral que separa 2.0TD de 3.0TD está fijado en kilovatios de potencia contratada, y los escalones de tensión determinan el salto a 6.1TD. Son datos regulados que se revisan, así que lo sensato es comprobarlos en la normativa vigente y, sobre todo, mirar qué pone tu propia factura: el peaje aparece impreso en ella, normalmente junto al CUPS. Si quieres ver cómo funciona cada uno por dentro, lo desglosamos con detalle en nuestra guía de la tarifa 3.0TD y en la de la tarifa 6.1TD para alta tensión.
Lo interesante de esto es que el peaje no es una condena. Si una instalación está justo por encima de un escalón por potencias contratadas en su día y que hoy nadie usa, a veces se puede replantear. No siempre compensa, porque cambiar de peaje toca también las condiciones de la acometida, pero es una pregunta que merece hacerse antes de dar por buena la situación de partida.
¿Qué son los periodos P1 a P6 y por qué cambian el precio del kWh?
El sistema eléctrico no cuesta lo mismo a las tres de la tarde de un martes de julio que a las cuatro de la madrugada de un domingo de abril. Esa diferencia se traslada a la factura repartiendo las horas del año en periodos: P1 es el más caro, P6 el más barato, y entre medias los demás. El reparto depende de la hora, del día de la semana y del mes, con los fines de semana y festivos nacionales en el periodo más económico.
Esto tiene una consecuencia práctica muy concreta para un negocio: tu precio medio real no depende solo de lo que te cobren, sino de cuándo consumes. Una panadería que trabaja de madrugada y un despacho que funciona de nueve a seis pueden tener la misma oferta firmada y acabar pagando precios medios distintos. Por eso, cuando alguien te enseña un único número de céntimos por kWh, ese número no significa gran cosa hasta que se cruza con tu curva de consumo.
Y por eso también, antes de negociar nada, conviene tener a mano el consumo horario del último año, que tu distribuidora registra y puedes solicitar. Es la materia prima de cualquier comparación seria.
¿Es mejor una tarifa fija o una indexada para una empresa?
Es la pregunta que más nos hacen y no tiene una respuesta universal, porque son dos maneras distintas de repartir el riesgo.
- Precio fijo: cierras un valor para el kWh durante un plazo. Ganas previsibilidad, que para presupuestar un ejercicio o para una comunidad que aprueba cuentas en junta vale mucho. A cambio, la comercializadora asume el riesgo de mercado y lo cubre con una prima incorporada al precio.
- Precio indexado: pagas la energía referenciada al mercado mayorista más un margen conocido. Ganas transparencia y te beneficias directamente si el mercado afloja, pero asumes la variabilidad mes a mes.
- Fórmulas mixtas: cerrar una parte del volumen y dejar otra a mercado, o fijar por tramos a lo largo del año. Es lo habitual en consumos grandes y lo que permite no jugárselo todo a una sola carta.
La decisión razonable no sale de adivinar hacia dónde va el mercado, sino de tu tolerancia a que la factura se mueva. Un hotel con temporada marcada, una industria con un coste energético alto sobre el producto final y una comunidad de propietarios tienen sensibilidades muy distintas ante la misma volatilidad. Nosotros trabajamos las compras siguiendo OMIE, OMIP, MIBGAS y TTF, y lo que solemos hacer en la gestión de compra de energía es decidir el momento y la forma de cierre en función del perfil del cliente, no de una preferencia teórica por lo fijo o lo indexado.
¿Qué parte de la factura no depende de la tarifa que contrates?
Bastante más de la que parece, y conviene saberlo para no esperar milagros del cambio de contrato. Los peajes y cargos regulados, el impuesto sobre la electricidad, el IVA y el alquiler de los equipos de medida van por su cuenta. También los excesos de potencia, que se facturan cuando superas lo contratado en cada periodo, y los recargos por energía reactiva, que aparecen cuando la instalación tiene motores, bombas o determinada iluminación sin compensar.
Aquí es donde muchas facturas de empresa tienen recorrido silencioso: potencias heredadas de una actividad anterior, contadores alquilados que ya no corresponden, conceptos que se arrastran año tras año sin que nadie los revise. Trabajar solo el precio del kWh y dejar esto de lado es quedarse a mitad de camino. Si nunca has hecho el ejercicio, empieza por entender qué te está cobrando cada línea de tu factura; con eso ya se ven cosas.
¿Cómo se sabe qué tarifa de luz le conviene a tu empresa?
Con tres piezas encima de la mesa: el peaje que te corresponde, tu consumo horario del último año y la potencia que realmente usas en cada periodo. Con eso se puede simular una oferta de verdad, aplicándola a tus horas y no a un consumo tipo inventado. Cualquier porcentaje de ahorro que alguien te diga antes de ver esos datos es, sencillamente, una suposición; es la postura de la casa y no la cambiamos por comodidad comercial.
Nosotros no vendemos energía. Compramos en los mercados mayoristas en nombre del cliente, sin exclusividad con ninguna comercializadora, y revisamos los tres frentes a la vez: potencia, precio del kWh y conceptos que no corresponden. El estudio de la factura es gratuito y sin compromiso, y los honorarios se acuerdan por escrito antes de empezar, siempre sobre el ahorro que se consiga después.
Si tienes a mano una factura reciente, es todo lo que hace falta para empezar a mirar. Puedes escribirnos desde la página de contacto o llamarnos al +34 651 09 05 16 y lo vemos juntos.
Preguntas frecuentes
¿Puede una empresa contratar la tarifa 2.0TD?
Sí, siempre que su potencia contratada esté dentro del límite que la normativa fija para ese peaje y esté conectada en baja tensión. Muchos comercios, oficinas y comunidades pequeñas están en 2.0TD sin problema. El peaje no depende del tipo de cliente ni de si eres autónomo o sociedad, sino de la potencia y la tensión de la instalación.
¿Cada cuánto se puede cambiar de tarifa de luz en un negocio?
Cambiar de comercializadora es libre y no tiene coste, aunque conviene revisar si tu contrato actual tiene permanencia o penalización por salida anticipada, porque en el mercado libre de empresas es frecuente. El cambio de peaje de acceso o de potencia contratada tiene sus propios plazos regulados y suele haber limitaciones sobre cuántas modificaciones se admiten en un mismo periodo.
¿Una comunidad de propietarios paga la luz como una empresa?
En cuanto a la estructura de la factura, sí: le aplica el mismo esquema de peajes, periodos y precios de mercado que a cualquier suministro no doméstico. Lo que cambia es el perfil de consumo, muy marcado por ascensores, alumbrado y garaje, y el hecho de que las decisiones pasan por junta, lo que suele inclinar la balanza hacia fórmulas con precio previsible.
¿Sirve de algo comparar tarifas si no cambio de comercializadora?
Sirve, y bastante. Saber qué se está ofreciendo en el mercado para tu perfil de consumo te da argumentos para renegociar tu contrato actual, que muchas veces es la vía más rápida y menos ruidosa. Además, el ejercicio de comparar obliga a revisar potencias y conceptos facturados, y ahí es donde suelen aparecer cosas que llevaban tiempo sin mirarse.
¿Qué documentación hace falta para estudiar la tarifa de un negocio?
Con una factura reciente completa, con todas sus páginas, ya se puede empezar: ahí están el CUPS, el peaje, las potencias por periodo y el desglose de conceptos. Para un análisis más fino se pide además el consumo horario del último año, que la distribuidora registra y el titular puede solicitar. No hace falta nada más para hacer los primeros números.