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Gestoría energética para empresas y comunidades: cómo funciona y qué puede hacer con tu factura

Una gestoría energética es la empresa que se ocupa de todo lo que rodea al suministro de luz y gas de un negocio: revisa la factura, ajusta la potencia, negocia el precio del kWh y vigila que no se cuelen conceptos que no tocan. No vende energía; trabaja para quien la paga.

La factura de la luz de un negocio no se parece en nada a la de casa. En casa hay un par de líneas y poco más. En un local, en una nave o en el cuadro general de una comunidad de vecinos aparecen seis periodos horarios, dos términos distintos, penalizaciones que no sabes de dónde salen y un impuesto que se calcula sobre otros conceptos. Es normal abrirla, mirar el total, resoplar y pagarla. Nos pasa a todos con lo que no entendemos del todo.

De ahí que cada vez más gente busque una gestoría energética. Y de ahí también que convenga aclarar qué es exactamente eso, porque bajo el mismo nombre conviven cosas bastante distintas.

¿Qué es una gestoría energética?

Es un servicio que se ocupa de la parte energética de tu actividad igual que una gestoría clásica se ocupa de las nóminas o de los impuestos: alguien externo que conoce el terreno, que revisa lo que pagas, que te avisa cuando algo cambia y que da la cara ante la comercializadora y la distribuidora cuando hay que reclamar.

El trabajo suele agruparse en tres frentes, y merece la pena separarlos porque cada uno se toca de una manera distinta:

  • La potencia contratada, que es lo que pagas todos los meses aunque no enciendas nada, y que casi nunca coincide con la que de verdad usas.
  • El precio del kWh, que es lo que pagas por la energía consumida y depende del mercado mayorista, del momento en que se cierra y de cómo esté redactado el contrato.
  • Los conceptos que no corresponden: alquileres de equipos duplicados, servicios añadidos que nadie recuerda haber aceptado, penalizaciones por reactiva, impuestos mal aplicados.

Una gestoría energética que se precie no se queda en el tercer punto, que es el más vistoso, ni en el segundo, que es el más comentado. Los tres se revisan a la vez, porque tocar uno sin mirar los otros suele dejar dinero encima de la mesa.

¿En qué se diferencia una gestoría energética de una comercializadora?

Esta es la pregunta importante y la que más confusión genera. Una comercializadora vende energía: su negocio es que firmes con ella. Cuando te llaman para ofrecerte una tarifa mejor, te están ofreciendo su tarifa, que es la única que pueden ofrecerte. No es nada reprochable, es su trabajo, pero conviene saber desde qué lado te hablan.

Una gestoría energética independiente está en el otro lado de la mesa. No vende energía. La compra en tu nombre en los mercados mayoristas —OMIE y OMIP para la electricidad, MIBGAS y TTF para el gas— y no tiene exclusividad con ninguna comercializadora, de modo que puede recomendar la que encaje con tu curva de consumo sin que le pese ningún compromiso previo. Si quieres entender cómo se forma ese precio de referencia, lo explicamos con calma en el artículo sobre el precio de la luz en OMIE.

La diferencia práctica es sencilla: la comercializadora te da un precio; la gestoría te dice si ese precio es razonable para tu perfil y por qué.

¿Qué hace exactamente una gestoría energética con la factura de una empresa?

El punto de partida siempre es la factura, porque es el único documento que cuenta lo que pasa de verdad en tu suministro. En una lectura seria se miran cosas como estas:

  • Los maxímetros, es decir, la potencia máxima que has demandado en cada periodo durante los últimos meses. Es el dato que dice si estás pagando de más por una potencia que nunca usas o si estás rozando el límite y te expones a excesos.
  • La tarifa de acceso, esa etiqueta tipo 2.0TD, 3.0TD o 6.1TD que determina cuántos periodos tienes y qué peajes se te aplican. Un cambio de tarifa mal planteado puede salir caro; bien planteado, cambia la factura entera.
  • La energía reactiva, que aparece cuando la instalación tiene motores, ascensores, equipos de frío o iluminación antigua, y que se penaliza en factura aunque no consumas más.
  • El desglose del precio de energía, para ver si lo que pagas es un precio fijo cerrado, uno indexado o una mezcla, y si el momento en que se cerró era el adecuado.
  • Los conceptos accesorios: mantenimientos, seguros, alquileres de contador y cualquier línea que no puedas explicar en una frase.

Con eso encima de la mesa ya se puede hablar de números concretos. Antes no. Cualquier porcentaje de ahorro que alguien te diga por teléfono, sin haber visto un solo consumo tuyo, es una suposición amable. Por eso el estudio de la factura va siempre primero y es gratuito y sin compromiso: hasta que no se lee, nadie sabe si hay margen ni de cuánto.

¿Cuánto cuesta una gestoría energética?

Aquí hay modelos distintos y conviene preguntarlo sin rodeos antes de firmar nada. Hay quien cobra una cuota fija mensual, hay quien cobra por informe y hay quien cobra sobre el ahorro conseguido.

En nuestro caso trabajamos con la tercera fórmula: el estudio inicial no cuesta nada, y los honorarios se cobran después, sobre el ahorro que se haya conseguido de verdad, con el porcentaje acordado por escrito antes de empezar. Nos parece la manera más limpia de alinear los intereses: si no aparece ahorro, no hay factura que emitir.

Lo que sí te recomendamos, sea con quien sea, es pedir por escrito tres cosas: cómo se calcula el ahorro, sobre qué periodo se mide y qué pasa si decides cambiar de proveedor a mitad de camino.

¿Le compensa a una comunidad de propietarios tener una gestoría energética?

Suele compensar más de lo que parece, y por un motivo poco intuitivo: en una comunidad casi nadie tiene el suministro como responsabilidad principal. El presidente rota, el administrador lleva decenas de fincas y la factura del portal se domicilia y se olvida. Mientras tanto, ahí siguen el ascensor, el alumbrado de escaleras, el grupo de presión y, cada vez más, los puntos de recarga de vehículo eléctrico, que cambian la curva de consumo del edificio de un mes para otro.

Es habitual encontrar comunidades con la potencia dimensionada para una instalación que ya no existe, con penalizaciones de reactiva por el ascensor o con la iluminación de zonas comunes en un periodo horario caro. Todo eso se corrige, pero alguien tiene que mirarlo. Lo contamos con más detalle en la página dedicada a comunidades de propietarios, porque el circuito de decisión de una junta tiene sus tiempos y conviene respetarlos.

¿Cómo sé si una gestoría energética es realmente independiente?

No hace falta ser experto para comprobarlo. Bastan tres preguntas hechas con naturalidad:

  1. ¿Con cuántas comercializadoras trabajáis y tenéis exclusividad con alguna? Si la respuesta es una sola, no estás ante una asesoría, sino ante un canal de venta.
  2. ¿Quién firma el contrato de suministro? Debe firmarlo tu empresa o tu comunidad, con tu CIF, y el contrato tiene que quedar en tu poder.
  3. ¿Cómo cobráis y cuándo? Que te lo digan antes, por escrito, y que el cálculo se pueda reproducir mirando facturas.

Añade una cuarta si quieres afinar: pide que te expliquen tu propia factura. Quien la entiende de verdad te la lee de arriba abajo sin prisa y sin tecnicismos innecesarios. Si te apetece ir preparado a esa conversación, tenemos una guía sobre cómo leer la factura de la luz que sirve justo para eso.

¿Cuándo tiene sentido dar el paso?

Hay tres momentos en los que casi siempre merece la pena revisar el suministro. El primero, cuando vence el contrato de energía, porque la renovación automática rara vez es la mejor versión posible de tu contrato. El segundo, cuando cambia la actividad: amplías horario, metes una cámara frigorífica nueva, reformas la iluminación, instalas cargadores. El tercero, cuando llevas dos años sin mirarlo, sencillamente porque el mercado se ha movido y tu instalación también.

Y si no estás en ninguno de los tres, tampoco pasa nada por pedir una lectura. Es media hora de tu tiempo, una factura en PDF y una conversación. Lo peor que puede salir de ahí es enterarte de que tu contrato está bien planteado, que tampoco es mal desenlace.

Preguntas frecuentes

¿Una gestoría energética me obliga a cambiar de comercializadora?

No. Bastantes veces el mayor margen está en ajustar la potencia contratada, corregir la tarifa de acceso o eliminar conceptos que no corresponden, y todo eso se hace sin tocar el contrato de energía. El cambio de comercializadora es una opción más, no el objetivo. La decisión final es siempre tuya y el contrato se firma a nombre de tu empresa o de tu comunidad.

¿Qué documentación hay que entregar para el estudio inicial?

Con las facturas de luz y gas de los últimos doce meses en PDF suele haber suficiente para empezar, porque ahí están los consumos por periodo, los maxímetros y el desglose de conceptos. Si el suministro es de una comunidad, conviene añadir el CIF y los datos del administrador. Si hay varios puntos de suministro, mejor mandarlos todos: a veces el ahorro aparece al comparar unos con otros.

¿Cuánto se tarda en ver el efecto en la factura?

Depende de qué haya que tocar. Un ajuste de potencia se refleja en el siguiente ciclo de facturación una vez la distribuidora lo tramita; un cambio de tarifa de acceso o de comercializadora tiene sus plazos administrativos y puede llevar algunas semanas más. Las reclamaciones por conceptos indebidos son las más lentas, porque dependen del tiempo de respuesta de la otra parte. Te vamos contando en qué punto está cada gestión.

¿Sirve esto para un negocio pequeño o solo para industria?

Sirve para cualquier suministro con cierta complejidad, y un bar, una peluquería o una tienda ya la tienen: horarios concentrados, equipos de frío, iluminación encendida muchas horas. La diferencia con la industria es la escala del ahorro posible, no el hecho de que exista. Trabajamos con autónomos, comercios, hostelería, hoteles, residencias, comunidades, asociaciones y cooperativas, además de empresas industriales.

¿Qué pasa si después del estudio no hay nada que mejorar?

Te lo decimos y ahí se acaba. El estudio es gratuito y sin compromiso precisamente porque no tiene sentido cobrarte por descubrir que tu contrato ya está bien planteado. En ese caso lo razonable es dejar pasar un tiempo y volver a mirarlo cuando venza el contrato o cambie algo en tu instalación.

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