Cómo comparar precios de luz cuando quien paga la factura es un negocio
Comparar precios de luz en un negocio consiste en aislar la parte de la factura que fija la comercializadora —energía y margen de potencia— y contrastarla con tu consumo real hora a hora. El resto son peajes, cargos e impuestos regulados, iguales en cualquier oferta. Sin la curva de consumo, la comparación es una estimación.
La escena se repite bastante: alguien recibe tres ofertas de luz para su local, su nave o su comunidad, las pone una al lado de la otra y busca el número más pequeño. Es lo lógico, es lo que haríamos todos y es exactamente lo que un comparador te invita a hacer. El problema no es la intención, es que en un suministro de empresa ese número pequeño no siempre es el que acaba pagando menos a final de año. Vamos a ver por qué, sin tecnicismos y con calma.
¿Qué compara de verdad un comparador de precios de luz?
Cuando metes tu factura en un comparador, lo que se compara no es «la luz». Es la porción del recibo sobre la que una comercializadora tiene margen para decidir. El resto de conceptos —los peajes de transporte y distribución, los cargos del sistema, el alquiler del equipo de medida, el impuesto eléctrico y el IVA— están fijados por normativa y llegan igual a tu factura firmes con quien firmes. Se publican en el BOE y los revisa la CNMC, y por eso cambian cada cierto tiempo sin que nadie te avise.
Dicho de otro modo: hay una parte de tu recibo que es negociable y otra que no. Un buen ejercicio de comparación empieza separando las dos, porque si comparas totales sin haberlas separado estás mezclando lo que puedes mejorar con lo que solo puedes pagar. La parte negociable suele reducirse a esto:
- El término de energía: los céntimos por kWh que te aplica la comercializadora en cada periodo horario, ya sea un precio cerrado o uno que sigue al mercado.
- El margen del término de potencia: encima del peaje regulado, cada oferta puede añadir su propio recargo por kW contratado y mes.
- Los servicios asociados: mantenimientos, seguros, cuotas de gestión o de «asesoramiento» que se cuelan como líneas fijas mensuales.
- Las condiciones del contrato: duración, renovación automática, penalización por salida anticipada y qué pasa cuando el precio vence.
Esa última línea es la que más disgustos da y la que ningún comparador puntúa. Un precio excelente con una cláusula de renovación tácita a precio de mercado puede salir caro justo el mes trece.
¿Por qué el precio del kWh no sirve por sí solo para comparar ofertas de empresa?
Porque en las tarifas de negocio no hay un precio del kWh, hay varios. Una tarifa 3.0 TD tiene seis periodos de energía y seis de potencia, y una 6.1 TD funciona igual con otra estructura de precios detrás. Cuando alguien te da «un» precio, lo que te está dando es un promedio ponderado con un consumo tipo que puede parecerse al tuyo o no parecerse en nada.
Y ahí está el detalle. Una panadería que enciende los hornos de madrugada consume casi todo en las horas más baratas del día. Una oficina consume en punta, de nueve a seis. Una comunidad de propietarios con ascensores, garaje y alumbrado tiene una curva plana y nocturna que no se parece a ninguna de las dos. Si a esos tres suministros les ofreces la misma tarifa, uno saldrá ganando y los otros dos estarán pagando de más sin enterarse, porque la oferta estaba diseñada para un perfil de consumo distinto del suyo.
Comparar bien, entonces, no es preguntar «¿cuál es tu precio?», sino «¿cuánto pagaría yo, con mi consumo real de los últimos doce meses, si hubiera tenido contratada esta oferta?». Es la misma pregunta, formulada al revés, y da resultados muy distintos.
¿Qué datos necesitas antes de comparar precios de luz en un negocio?
Aquí va la buena noticia: casi todo lo que hace falta ya lo tienes, o se puede pedir sin coste. Esto es lo mínimo para que una comparación se sostenga:
- El CUPS: el código de veinte y pico caracteres que identifica tu punto de suministro y que aparece en cualquier factura.
- La tarifa de acceso: 2.0 TD, 3.0 TD o 6.1 TD y siguientes, según la potencia y la tensión del suministro.
- Las potencias contratadas por periodo: los kW de cada uno de los periodos, no solo el mayor.
- Doce meses de facturas: un año completo, para que entren dentro tanto el verano como el invierno.
- La curva de carga horaria: el registro hora a hora de lo que consume tu contador, que la distribuidora pone a disposición del titular.
- Los maxímetros y la reactiva: lo que de verdad has demandado y si te están penalizando por otros conceptos.
Con esos datos delante, la comparación deja de ser una promesa y pasa a ser una simulación. Si nunca has abierto tu factura con detenimiento, en esta guía sobre cómo leer la factura de la luz repasamos línea a línea dónde encontrar cada uno de estos conceptos.
¿En qué se diferencia comparar un precio fijo de uno indexado?
Un precio fijo te da un valor cerrado por kWh durante un plazo. Un precio indexado se mueve cada hora con el mercado mayorista, al que la comercializadora suma su margen. Comparar uno con otro directamente no funciona, porque el fijo lleva incorporada una prima de riesgo: alguien se está quedando con la incertidumbre de los próximos meses y ese servicio tiene un coste.
La elección entre uno y otro no depende de cuál es más barato hoy, sino de cuánta variación puede asumir tu tesorería y de en qué horas consumes. Un negocio que puede desplazar carga a las horas valle vive bien con la indexación; una comunidad que necesita cerrar un presupuesto anual para la junta suele dormir mejor con un precio cerrado, aunque estadísticamente pague algo más por esa tranquilidad. Si te interesa entender de dónde sale el precio que se publica cada día, lo desarrollamos en el artículo sobre OMIE y el precio de la luz.
En Salix compramos energía en nombre de nuestros clientes en OMIE, OMIP, MIBGAS y TTF, y precisamente por eso no defendemos una fórmula sobre la otra. Depende del suministro, del momento del mercado y de la tolerancia al vaivén de cada casa.
¿Sirven los comparadores online para una empresa o una comunidad?
Sirven para hacerte una idea, y no está mal tenerla. Te sitúan en un orden de magnitud y te enseñan qué se está ofreciendo en el mercado doméstico. Lo que ocurre es que la mayoría están construidos para el suministro de una vivienda: potencia pequeña, dos o tres periodos, consumo estándar. En cuanto entra en juego una tarifa con seis periodos, un maxímetro, energía reactiva o varios CUPS de la misma sociedad, el formulario se queda corto y el resultado se apoya en supuestos que no son los tuyos.
A eso se suma algo que conviene saber: muchos comparadores se financian con comisiones de las comercializadoras que aparecen en el listado. No es ilegal ni tiene por qué ser malintencionado, pero explica que el ranking no siempre esté ordenado solo por precio. Nuestro comparador de tarifas parte de otro sitio: no tenemos exclusividad con ninguna comercializadora y cobramos honorarios sobre el ahorro que se consigue, acordados por escrito antes de empezar.
¿Cada cuánto conviene volver a comparar el precio de la luz?
Lo razonable es tener localizada la fecha de vencimiento de tu contrato y empezar a mirar unos meses antes, no la semana de después. Muchos contratos se renuevan solos si nadie dice nada, y esa renovación no siempre respeta las condiciones originales. Apuntar esa fecha en el calendario es, probablemente, la medida de ahorro más barata que existe.
Más allá del vencimiento, hay momentos que piden revisión: cuando cambia la actividad y con ella el horario de consumo, cuando se instala fotovoltaica o puntos de recarga, cuando se sustituye una máquina grande o cuando la comunidad electrifica la calefacción. En todos esos casos tu curva de consumo se ha movido y la tarifa que encajaba antes ya no encaja igual.
¿Y si el precio no es donde está el dinero?
Pasa más de lo que parece. Nos encontramos con frecuencia facturas donde el precio del kWh era razonable y el sobrecoste venía de otro sitio: una potencia contratada muy por encima de lo que el maxímetro registra desde hace años, penalizaciones por energía reactiva que se corrigen con una batería de condensadores, alquileres de equipos que ya no están instalados o conceptos que simplemente no corresponden a ese suministro.
Por eso trabajamos los tres frentes a la vez —potencia, precio del kWh y conceptos indebidos— en lugar de quedarnos en el primero. Y por eso tampoco te vamos a decir cuánto puedes ahorrar antes de ver tu factura: cualquier porcentaje dicho antes de mirar los números es una suposición, y preferimos no hacerlas. Si quieres salir de dudas con tu caso concreto, el estudio de la factura es gratuito y sin compromiso, y de él sale una cifra tuya en lugar de una media de nadie.
Preguntas frecuentes
¿Puedo comparar precios de luz solo con una factura?
Con una factura ya se puede ver bastante: la tarifa de acceso, las potencias contratadas, los periodos y los conceptos que se te están cobrando. Para afinar de verdad conviene tener doce meses seguidos, porque el consumo de julio y el de enero no se parecen y una sola factura puede llevarte a conclusiones optimistas o pesimistas según el mes que hayas elegido.
¿Comparar precios de luz obliga a cambiar de comercializadora?
No. Comparar es solo poner números sobre la mesa. A veces el resultado es que la oferta que ya tienes es competitiva y lo que hay que ajustar es la potencia contratada o alguna penalización, y entonces no hay que tocar el contrato de suministro. Cuando sí compensa cambiar, lo primero es revisar la duración y las condiciones de salida del contrato vigente.
¿Una comunidad de propietarios puede acceder a los mismos precios que una empresa?
Sí, porque lo que determina las condiciones no es la forma jurídica sino la tarifa de acceso y el volumen de consumo. Una comunidad con ascensores, garaje y alumbrado suele estar en 3.0 TD y se negocia igual que un comercio con la misma tarifa. Lo que cambia es la parte de decisión: hace falta que la junta apruebe el cambio y quede reflejado en acta.
¿Qué es la curva de carga y para qué sirve al comparar?
Es el registro hora a hora de lo que consume tu contador, que la distribuidora facilita al titular del suministro. Sirve para simular cada oferta con tu consumo real en vez de con un perfil estándar, y es la diferencia entre una comparación orientativa y una comparación fiable. También es lo que permite ver si una tarifa indexada te conviene o no.
¿Los comparadores online son fiables para un negocio?
Son útiles para hacerse una idea del mercado, pero la mayoría están pensados para viviendas y no manejan bien las tarifas de seis periodos, los maxímetros, la energía reactiva ni las agrupaciones de varios puntos de suministro. Para un negocio o una comunidad conviene contrastar ese resultado con un análisis hecho sobre tus datos reales antes de firmar nada.