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Ahorro energético para empresas: qué mirar primero y en qué orden

El ahorro energético en una empresa se consigue en tres frentes: ajustar la potencia contratada a lo que de verdad usas, comprar el kWh a un precio acorde con el mercado mayorista y eliminar de la factura los conceptos que no te corresponden. Lo primero no cuesta dinero: es leer bien lo que ya estás pagando.

Cuando alguien nos llama preguntando por ahorro energético, casi siempre viene con una idea en la cabeza: cambiar luminarias, poner placas, programar los equipos para que arranquen más tarde. Todo eso está bien y tiene su momento, pero suele ser el segundo paso. El primero es más aburrido y más barato: mirar despacio la factura que ya estás pagando y comprobar si lo que pone ahí se corresponde con lo que tu negocio hace de verdad. Es la parte que menos se cuenta y la que más veces mueve la aguja.

¿Qué es exactamente el ahorro energético en una empresa?

Ahorrar energía en un negocio significa dos cosas distintas que conviene no mezclar, porque se trabajan de manera diferente y con plazos diferentes.

  • Consumir menos: gastar menos kilovatios hora haciendo la misma actividad, con equipos mejores, con horarios distintos o simplemente apagando lo que no hace falta.
  • Pagar mejor lo que consumes: mismos kilovatios hora, menos euros, porque el contrato, la potencia y las condiciones se ajustan a tu realidad.

La segunda vía es la que casi nunca se explora, y es curioso porque es la que no interrumpe la actividad, no exige obra ni inversión y se puede empezar hoy con los papeles que ya tienes en un cajón. Un restaurante no puede dejar de encender la cocina, ni una residencia bajar la calefacción a media tarde, ni una comunidad apagar el ascensor. Pero cualquiera de los tres puede estar pagando por una potencia que no usa desde hace años.

¿Por dónde se empieza a ahorrar energía en un negocio?

Por la potencia contratada. Es el importe que pagas todos los meses aunque el local esté cerrado, aunque sea agosto y aunque no enciendas ni una luz. Funciona como el alquiler de la instalación: reservas una capacidad y la pagas, la uses o no.

Lo habitual es que esa cifra se fijara al abrir el negocio, muchas veces por el instalador o por quien estuviera antes en el local, y que nadie la haya vuelto a tocar. Mientras tanto han cambiado los equipos, se han sustituido las luminarias por led, se ha cerrado una sala o se ha reformado la cocina. La potencia, sin embargo, sigue igual. Por eso el ajuste de potencia es el primer sitio donde miramos siempre: es reversible, no afecta a la actividad y el efecto se ve en la factura del mes siguiente. Si quieres entender el mecanismo con calma, lo desarrollamos en la página de optimización de potencia.

Ahora bien, aquí hay que tener cuidado. Bajar potencia a ciegas no es ahorrar, es arriesgarse a que salte el interruptor un viernes a las nueve de la noche o a pagar penalizaciones por excesos, que en algunas tarifas salen bastante caras. El ajuste se hace mirando los registros reales de consumo cuarto hora a cuarto hora, no a ojo.

¿Cómo sé si estoy pagando de más en la factura de la luz?

No hay una señal única, pero sí hay indicios que se repiten mucho y que puedes comprobar tú mismo con una factura delante.

  • La potencia facturada no se parece a tu máximo real: si tu demanda punta se queda muy por debajo de lo contratado mes tras mes, estás reservando capacidad que no usas.
  • Aparecen penalizaciones por energía reactiva: es un concepto técnico que suele resolverse con una batería de condensadores y que, mientras no se corrige, se paga todos los meses; lo explicamos en detalle en el artículo sobre energía reactiva.
  • Hay alquileres de equipos que ya no tienes: contadores retirados, medidas que se dejaron de usar, servicios contratados hace años que siguen girando.
  • El precio del kWh lleva tiempo congelado: un precio fijo firmado en un momento concreto del mercado deja de tener sentido cuando el mercado se mueve, y los mercados mayoristas se mueven mucho.
  • Se factura con estimaciones: si ves lecturas estimadas repetidas, conviene revisar qué pasa con el equipo de medida antes de que se acumule una regularización grande.

Ninguno de estos puntos significa por sí solo que te estén cobrando mal. Significan que merece la pena mirar. Y mirar no cuesta nada.

¿Qué medidas de ahorro funcionan en un comercio o una comunidad de propietarios?

Aquí sí entramos en el terreno de consumir menos, y conviene ordenarlo por esfuerzo. Lo que no cuesta dinero va primero.

Sin inversión

Revisar horarios de encendido y apagado, sobre todo en zonas comunes, escaparates y rótulos. Comprobar que los termostatos no estén peleándose entre sí, algo que pasa más de lo que parece cuando hay varios equipos de clima en la misma sala. Ajustar la programación de la calefacción o del agua caliente a la ocupación real del edificio, que en una comunidad rara vez coincide con la que se programó el primer año.

Con inversión pequeña

Detectores de presencia en garajes, trasteros y pasillos. Sustitución de luminarias antiguas por led en los puntos que más horas están encendidos, que suelen ser pocos y muy identificables. Aislamiento de tuberías en salas de calderas.

Con inversión mayor

Renovación de equipos de clima o de producción de calor, autoconsumo solar, aerotermia. Son decisiones que cambian la estructura del gasto durante años, y por eso mismo se toman después de haber ordenado el contrato, no antes: dimensionar una instalación sobre una factura mal ajustada lleva a dimensionarla mal. En eficiencia energética contamos cómo encajamos estas actuaciones cuando toca.

¿Cuánto se puede ahorrar en la factura de una empresa?

Esta es la pregunta que más nos hacen y la única a la que no podemos responder por teléfono. Cualquier porcentaje que alguien te diga antes de haber visto tu factura es una suposición, por bienintencionada que sea.

El margen depende de cosas muy concretas: de tu tarifa de acceso, de cuánta potencia tienes contratada frente a la que usas, de cómo se reparte tu consumo entre los periodos horarios, de si tienes penalizaciones activas, de cuándo se firmó tu contrato de suministro y de en qué momento del mercado se firmó. Dos panaderías de la misma calle, con el mismo horno, pueden estar en situaciones completamente distintas.

Por eso trabajamos al revés: primero miramos, luego decimos. El estudio de la factura es gratuito y sin compromiso, y de él sale un número concreto para tu caso, no una horquilla genérica. Si no hay recorrido, te lo decimos igual y ahí se acaba la conversación.

¿Quién se ocupa de esto dentro de una empresa?

Casi nunca hay nadie asignado, y es normal. En una pyme lo lleva quien puede, entre otras quince cosas. En una comunidad de propietarios, el administrador o el presidente de turno, que cambia cada pocos años y hereda contratos que no firmó. En una industria hay más criterio técnico, pero el seguimiento del mercado mayorista requiere una dedicación diaria que no siempre encaja con el día a día de producción.

Nuestro papel es exactamente ese: nosotros no vendemos energía, la compramos en tu nombre en los mercados mayoristas y sin exclusividad con ninguna comercializadora, de modo que la decisión se toma mirando tu curva de consumo y no un catálogo. Trabajamos con autónomos, comercios, hostelería, hoteles, residencias, comunidades e industria, y en cada sector la factura tiene sus manías propias.

Si tienes a mano las tres últimas facturas, con eso empezamos. Y si prefieres preguntar antes de enviar nada, puedes llamarnos al +34 651 09 05 16 y lo hablamos sin más.

Preguntas frecuentes

¿Bajar la potencia contratada puede dejar mi negocio sin luz?

Puede pasar si el ajuste se hace a ojo. Por eso el cálculo se apoya en tus registros reales de consumo, que muestran los picos de demanda de los últimos meses cuarto hora a cuarto hora, y se deja un margen de seguridad sobre ese máximo. Además, la potencia se puede volver a modificar si tu actividad cambia.

¿Cada cuánto puedo cambiar la potencia contratada?

La normativa establece un número limitado de modificaciones dentro de un mismo periodo de doce meses, con algunas excepciones. Como estos plazos y sus condiciones se revisan de vez en cuando, conviene comprobar la situación concreta de tu suministro antes de tramitar el cambio, para no gastar una modificación que luego haga falta.

¿Merece la pena poner placas solares en un negocio o en una comunidad?

Depende del perfil horario de tu consumo, de la superficie de cubierta disponible y de la orientación. Cuando el consumo se concentra en horas de sol, el encaje suele ser mejor. Antes de dimensionar la instalación conviene tener el contrato ordenado, porque el cálculo de la inversión parte de lo que pagas realmente por cada kilovatio hora.

¿Cuánto cobra Salix por revisar la factura?

El estudio inicial es gratuito y sin compromiso. Los honorarios se cobran después, sobre el ahorro que se consigue, y se acuerdan por escrito antes de poner nada en marcha. Si del análisis no sale recorrido, no hay factura por nuestra parte.

¿Tengo que cambiar de comercializadora para ahorrar?

No necesariamente. Buena parte del recorrido suele estar en la potencia contratada, en las penalizaciones y en conceptos que no corresponden, y eso se corrige sin tocar el suministro. Si además interesa revisar el precio del kWh, la decisión se toma mirando los mercados mayoristas y tu curva de consumo, sin exclusividad con ninguna compañía.

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