Asesoría energética independiente · Las Rozas de Madrid · España y Portugal +34 651 09 05 16 info@salixenergia.com
InicioNoticiasAhorrar en la factura de la luz de una empresa o una comunidad de propietarios
Noticias · 7 min de lectura

Ahorrar en la factura de la luz de una empresa o una comunidad de propietarios

En una empresa o una comunidad de propietarios, ahorrar en la factura de la luz suele empezar por tres frentes: ajustar la potencia contratada a lo que de verdad se usa, comprar el kWh en un buen momento de mercado y revisar los conceptos que se facturan sin corresponder. Los tres se ven leyendo la factura con calma.

Cuando alguien busca cómo ahorrar en la factura de la luz, casi siempre llega con la misma sensación: la cifra sube, nadie ha cambiado nada en el local ni en el edificio, y el papel que llega cada mes está lleno de líneas que no dicen gran cosa. Es una situación de lo más normal. Una factura eléctrica de empresa mezcla precios de mercado, peajes regulados, cargos, impuestos y a veces servicios contratados hace años que ya nadie recuerda. No está escrita para que se entienda de un vistazo, así que no pasa nada por no entenderla.

Lo que sí conviene saber es que el importe final no es un bloque cerrado. Se compone de partes, y sobre varias de esas partes se puede actuar sin tocar ni una bombilla ni cambiar la forma de trabajar. Vamos a verlas con calma, con el caso de un comercio, una comunidad de vecinos o una nave industrial delante.

¿Cómo se puede ahorrar en la factura de la luz de un negocio?

La factura de un suministro de empresa o de comunidad se ordena, a grandes rasgos, en tres bloques que se pueden trabajar por separado.

  • El término de potencia. Es lo que pagas por tener disponible una determinada capacidad eléctrica, la uses o no, y se factura todos los meses aunque el local esté cerrado.
  • El término de energía. Es el kWh que consumes de verdad, y su precio depende de cómo y cuándo se haya comprado esa energía en el mercado.
  • El resto de conceptos. Alquiler de equipos de medida, excesos de potencia, energía reactiva, servicios añadidos e impuestos que se calculan sobre todo lo anterior.

Ese tercer bloque es el que más sorpresas da, porque suele arrastrarse de contratos antiguos. Y el detalle importante: los impuestos se aplican sobre la base, así que cada euro que se corrige en los dos primeros bloques arrastra hacia abajo también una parte del tercero. Si quieres reconocer estos apartados en tu propia factura, en nuestra guía para leer la factura de la luz los señalamos uno a uno.

¿Se puede ahorrar en la luz sin consumir menos?

Sí, y es justo la parte que más se pasa por alto. Casi todos los consejos que circulan van sobre consumir menos: apagar, cambiar luminarias, poner temporizadores. Todo eso está bien y tiene su momento, pero exige inversión, obras o cambios de hábitos en gente que ya tiene bastante con lo suyo.

Antes de eso hay un recorrido más silencioso: pagar mejor lo mismo que ya consumes. Un supermercado que necesita frío las veinticuatro horas no puede consumir mucho menos sin cerrar cámaras. Una comunidad con ascensor, garaje y alumbrado de portales tampoco va a renunciar a la luz de la escalera. Pero los dos pueden estar pagando una potencia que no necesitan, un precio de kWh firmado en un mal momento de mercado o un concepto que se cuela mes tras mes. Ahí el ahorro no le cuesta nada a nadie, porque el servicio sigue siendo exactamente el mismo.

¿Por qué se paga de más en la potencia contratada?

La potencia contratada es un límite: la cantidad de electricidad que puedes tener funcionando a la vez. Se contrata al abrir el suministro y, en la práctica, casi nunca se vuelve a mirar. El problema es que los negocios cambian y la potencia no cambia sola.

Lo vemos cada semana. Un taller que sustituyó maquinaria vieja por equipos más eficientes y siguió con la potencia de antes. Una comunidad que instaló iluminación LED en todo el edificio y mantiene el contrato dimensionado para las viejas lámparas. Una oficina que ocupa media planta desde hace años pero conserva la potencia de cuando estaba entera. En todos esos casos se paga cada mes por una capacidad que ya no se usa.

También ocurre lo contrario, y conviene decirlo: quedarse corto tiene su propio coste, porque los excesos sobre la potencia contratada se penalizan en la factura y en algunos casos pueden llegar a provocar cortes. Por eso el ajuste no consiste en bajar por bajar, sino en mirar los registros reales de consumo del contador durante un periodo suficientemente largo, ver los picos de verdad, dejar un margen razonable y elegir el valor que encaje. En tarifas con varios periodos, además, cada periodo se contrata por separado, así que hay que afinar en todos ellos. Es el trabajo que hacemos en la optimización de potencia, y suele ser el primer sitio donde mirar porque no requiere invertir nada.

¿Cómo se consigue un precio del kWh mejor?

Aquí hay que separar dos cosas que se confunden mucho. Una es la parte regulada de la factura, los peajes y cargos, que fija la administración y es igual para todo el mundo dentro de la misma tarifa de acceso: por ahí no hay negociación posible. Otra es la parte de energía, que sí depende de con quién y cuándo se contrate.

El precio de esa parte no sale de una lista fija. Se apoya en los mercados mayoristas, que se mueven todos los días con el gas, la demanda, el viento y el sol. Firmar un contrato de energía es, en el fondo, fijar un precio en un momento concreto de ese mercado. Y ahí el momento pesa tanto como el proveedor: la misma empresa, con el mismo consumo, puede acabar con precios muy distintos según la semana en que se cerró la renovación.

De ahí que insistamos en dos cosas. La primera, no dejar que un contrato se renueve solo por silencio, porque esa renovación automática se cierra al precio que toque ese día sin que nadie lo haya mirado. La segunda, no dar por bueno un precio sin compararlo con lo que hay en el mercado en esa misma fecha. Nosotros seguimos OMIE, OMIP, MIBGAS y TTF precisamente para poder decirle a un cliente si el momento acompaña o si conviene esperar, y compramos en su nombre sin exclusividad con ninguna comercializadora.

¿Qué conceptos de la factura no deberían estar?

Este bloque es más artesanal, porque hay que revisar factura a factura. Algunos de los que más aparecen:

  • Energía reactiva. Se penaliza cuando ciertos equipos, como motores o reactancias, desfasan la corriente; se corrige con una batería de condensadores bien dimensionada, no pagando el recargo cada mes.
  • Excesos de potencia. Señal de que el contrato se quedó corto en algún periodo y de que merece la pena revisar el dimensionado.
  • Servicios añadidos. Mantenimientos, asistencias o seguros que se firmaron con el contrato, se cobran en la misma línea y a veces nadie ha usado nunca.
  • Alquiler de equipos de medida. Correcto si el contador es de la distribuidora, discutible si el equipo es propiedad del titular.
  • Refacturaciones y estimaciones. Lecturas estimadas que luego se regularizan y que conviene cuadrar con lo que marca el contador.

A esto se suma el impuesto eléctrico, que no se negocia pero sí se calcula sobre la base de la factura, y cuyo tipo se ha movido varias veces en los últimos años. Los valores regulados cambian por normativa, así que lo sensato es comprobar cuál está vigente en el momento de revisar el suministro, en lugar de fiarse de una cifra memorizada.

¿Cada cuánto conviene revisar la factura de la luz?

Como mínimo, una vez al año y siempre antes de que venza el contrato de energía, con margen suficiente para poder elegir el momento de compra en vez de aceptar el que caiga. Y también cuando cambia algo en la instalación: una reforma, maquinaria nueva, un cambio de horarios, la instalación de puntos de recarga o de placas solares, la sustitución de la iluminación de zonas comunes. Cualquiera de esas cosas altera la curva de consumo y puede dejar obsoleto un contrato que hasta entonces encajaba bien.

En comunidades de propietarios hay un motivo añadido: la presidencia rota, y con ella se pierde el hilo de qué se firmó, cuándo y con quién. Es habitual encontrar edificios con contratos heredados de dos juntas atrás que nadie ha vuelto a abrir.

¿Por dónde empiezo si quiero ahorrar en la luz de mi empresa?

Por mirar los datos reales antes de tomar cualquier decisión. Con las últimas doce facturas y los registros de consumo del contador se puede ver la potencia que de verdad se usa, cómo se reparte el gasto entre periodos, qué conceptos se están cobrando y en qué punto de mercado se cerró el precio vigente. Con eso encima de la mesa ya se sabe dónde hay recorrido y dónde no lo hay, que también es una respuesta útil.

Lo que no tiene mucho sentido es poner un porcentaje de ahorro antes de haber visto una factura. Cualquier cifra dicha así es una suposición, y preferimos no hacerlas. Por eso el estudio de la factura es gratuito y sin compromiso: primero miramos, después te contamos qué hemos encontrado, y nuestros honorarios se acuerdan por escrito y se cobran sobre el ahorro que se consiga. Si no hay recorrido, te lo decimos igual y no te cuesta nada haberlo comprobado.

Preguntas frecuentes

¿Ahorrar en la factura de la luz obliga a cambiar de comercializadora?

No siempre. Buena parte del recorrido está en ajustar la potencia contratada y en revisar conceptos que se facturan sin corresponder, y eso se puede hacer sin cambiar de compañía. El cambio tiene sentido cuando el precio de la energía contratada se ha quedado lejos de lo que ofrece el mercado en ese momento, no como norma automática.

¿Cuánto se puede ahorrar en la factura de la luz de una empresa?

Depende del suministro: de la tarifa de acceso, de cuánto se aleje la potencia contratada del consumo real, de cuándo se firmó el precio de la energía y de si hay penalizaciones o servicios añadidos en la factura. Por eso no damos porcentajes antes de ver las facturas: cualquier cifra adelantada sería una suposición. Con las últimas doce facturas y los registros del contador se puede decir con datos.

¿Puede una comunidad de propietarios revisar su factura de la luz?

Sí, y es uno de los casos donde más suele encontrarse. Las comunidades tienen suministros de zonas comunes, ascensores, garajes y a veces calefacción central, con contratos que se heredan de una junta a otra sin que nadie los vuelva a mirar. Basta con que la presidencia o la administración de fincas facilite las facturas para poder analizarlo.

¿Qué documentos hacen falta para analizar un suministro?

Con las facturas de los últimos doce meses suele bastar para empezar, porque en ellas aparecen el CUPS, la tarifa de acceso, las potencias contratadas y los conceptos que se están cobrando. Si el contador lo permite, los registros horarios de consumo ayudan a afinar mucho más el ajuste de potencia.

¿Es mejor un precio fijo o uno indexado al mercado?

No hay una respuesta válida para todos. El precio fijo da previsibilidad y facilita cerrar un presupuesto anual; el indexado sigue al mercado mayorista, con lo que eso tiene de bueno y de malo según el momento. Lo que decide es el perfil de consumo del negocio y su tolerancia a que la factura varíe de un mes a otro. Es una de las cosas que conviene hablar antes de firmar, no después.

Emblema de la Unión Europea

Financiado por la Unión Europea - NextGenerationEU

Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia
Escríbenos por WhatsApp
Llamar Estudio gratuito

Hablar con un asesor

Déjanos tus datos y te llamamos. Sin coste y sin compromiso.